Ojo ketamina

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Rumba con anestésico para gatos

“A propósito, siempre me he preguntado cómo diablos se inventaron el K (…) que, en su estado auténtico, no es más que un anestésico disociativo para gatos, como decimos cuando le explicamos a alguien que no sabe qué diablos es esa maravilla”. 

El primer encuentro que tuve con la ketamina fue el capítulo entero, del que forma parte este fragmento, dedicado al tema en la novela Al diablo la maldita primavera, de Alonso Sánchez Baute. En principio, pensé que eran divagaciones fantasiosas acerca de drogas inexistentes, así que decidí investigar entre círculos de amigos conocedores de las últimas novedades en el oscuro mundo de la “rumba pesada” para descubrir que no solo existe, sino también que el apogeo del consumo del “specialK” empezó hace diez años entre la comunidad gay de Bogotá que acostumbra a importar las modas más estrambóticas de las grandes ciudades del primer mundo.

Además de este polvo blanco alucinógeno, de las conocidas “pastillitas de la felicidad”, o éxtasis, y de la cocaína, en Bogotá se consumen otras drogas ilegales como el “pupper” (ácido que sirve para limpiar los cabezotes de los equipos de sonido) sin que su consumo aparezca registrado en estadísticas de las entidades públicas que se dedican al tema de prevención y estudio del consumo de drogas. Ni en la UPI (Unidad Coordinadora de Prevención Integral) ni en la Secretaría de Salud del Distrito aparece el nombre de ketamina, o “key”, asociado al consumo indebido de drogas.

Un segundo encuentro literario con la ketamina, en la novela del escritor chileno Pablo Illanes Una mujer brutal, fue el detonador para conocer más de cerca el tema del que mucho se habla a puertas cerradas y poco se conoce en Colombia.

La primera advertencia, antes de probarlo, fue evitar el consumo excesivo por el riesgo de irse en un “khole” (hueco de K) que es como se denomina la experiencia de sobredosis de ketamina. Fue necesario, entonces, asesorarse y hacerlo con alguien que tuviera experiencia, que conociera el tema y pudiera administrar las cantidades suficientes para no pasar un mal rato.

Algunos de los consumidores confirmaron que el “khole” es una experiencia cercana a la muerte, se duerme el cuerpo mientras la mente está presente o vuela. No significa que haya lucidez, ya que uno de los efectos de este anestésico y una de las razones por las que se redujo su consumo en humanos, es que tiene efectos alucinógenos.

Antes de salir de rumba, había que reunirse en una casa para preparar el “K”. El grupo estaba conformado por 6 personas, edad promedio de 38 años, ningún adolescente en crisis, todos profesionales medianamente exitosos, considerados en su mayoría “consumidores sociales”, sólo que de todos los viernes y sábados.

Para obtener la sustancia, fue necesaria una receta médica. Esta droga legal para fines veterinarios se vende sólo con prescripción y no se consigue a través de dealers. Al contrario del “pupper” que se consigue en los sex shop o el éxtasis que lo llevan a casa.

Una vez listos para salir, es necesario reducirla, es decir, convertir el líquido en polvo, una consistencia tan parecida a la cocaína que se puede prestar para confusiones que conducen a sobredosis, porque la cantidad necesaria para obtener efectos psicotrópicos no es más de 50 mg. Un gramo de esta droga puede causar la muerte.

La insoportable levedad del ‘K’

Una vez inhalado, superado el dolor en la nariz y el sabor amargo en la garganta, la sensación inicial es de levedad.

El cuerpo se siente ligero y todo parece insignificante. Leonel Cardona, médico veterinario consultado posteriormente, explicó: “La ketamina es una solución alkalina (pH de 3/5) cuyo consumo puede producir daño en los cornetes nasales. Produce reacción en el sistema nervioso central, depresión respiratoria, (disminuye el centro respiratorio llevándolo a 6 o 7 veces al minuto), puede producir taquicardia, aumentar la presión sanguínea y la presión cerebral”.

Esto explica el ardor en la nariz, la levedad del cuerpo y el temor de que los consumidores sensatos le tienen a esta droga. “En personas que sufren de epilepsia o convulsiones puede causar la muerte, incluso la primera vez; y su consumo prolongado genera un efecto en meseta”, agregó el doctor Camargo. Esto significa que, con el tiempo, los efectos del K no se sienten y es necesario consumir más y más, siempre recordando que 1 gm de ketamina intoxica el cuerpo hasta la muerte.

Además del “specialK”, los otros compañeros de fiesta iban equipados con varias pepas de éxtasis, papeletas de cocaína y alguno más conservador tenía un cigarro de marihuana. Todos, elementos usados frecuentemente en los raves y la rumba trance o techno. Uno, que prefirió el éxtasis, comentó: “El ‘K’ es muy bravo y baja la nota. Yo lo pruebo muy de vez en cuando.

Prefiero las pepas que me ponen feliz cuando estallan”. El menú es variado, y cada quien escoge de acuerdo con las sensaciones que quiere obtener. Sobre esta búsqueda de efectos particulares con drogas diferentes, el psiquiatra Santiago Barrios explica: “En general, los psicofármacos recreacionales representan la fantasía del Nirvana, la evasión de la conciencia. Las experiencias de cada individuo cambian porque surgen las fantasías que uno tiene vivas en ese momento.

Por eso, si uno está angustiado o triste, los viajes pueden ser malos. Alguien que se sienta bien habla de buenas experiencias. El problema está al día siguiente y las personalidades adictivas. El precio que se paga es alto”.

Barrios explica que la necesidad de sentirse distinto, sumada al immediatismo de obtener resultados en poco tiempo, acerca a las personas a las drogas, incluso quienes no tienen altos niveles de autodestrucción, que llevan vidas exitosas y aparentemente normales. “Nuestra propuesta para el cambio interior es el psicoanálisis, sin embargo, las personas no están dispuestas a esperar procesos largos”.

Para un psiquiatra como Barrios, que mira el consumo de drogas desde el punto individual, el problema está en la necesidad de resolver problemas inmediatos. En el caso de quienes estudian estas conductas desde un punto de vista social, la preocupación principal es la masificación de este consumo, ante todo en grupos de jóvenes y universitarios. Por esto, entidades como el DABS (Departamento Administrativo de Bienestar Social) han hecho un esfuerzo continuo y en el Día Internacional contra el Consumo Indebido de Drogas insisten en llegar a las comunidades jóvenes, conocer el fenómeno y, desde la experiencia, iniciar procesos de prevención.

Disociar, separar el dolor

La característica principal de la ketamina es que se trata de un anestésico disociativo. Esto significa que, además de adormecer el cuerpo, separa las sensaciones físicas de la mente. Por esto, la mitad del tiempo que estuvimos en el bar, permanecí agarrado de la barra porque pensaba que me iría al piso en cualquier momento. La mente estaba en el relato de un amigo que fue drogado y robado por unas personas que conoció en un bar. Su descripción sobre las sensaciones que tuvo en los dos días que estuvo vagando drogado se parecían mucho a las que me produjo el K.

Luego descubrí que nada es de sorprenderse porque la ketamina, al menos en los Estados Unidos donde su consumo es más difundido, se usa también para adormecer la voluntad de las jóvenes y obtener favores sexuales sin su voluntad. Es lo que llaman date-rape (violación en una cita) . Durante el efecto de la droga, los recuerdos se hacen vívidos, tanto que la sensación es de estar viviendo la propia historia en una noche. Sin embargo, pareciera cobrarlo caro, como dijo el psiquiatra Barrios, todo se paga, porque otro de los efectos del consumo habitual de la ketamina es la pérdida de la memoria inmediata.

La música se escuchaba en fragmentos, como si la hubiera cortado en cuadritos con una tijera y el video que presentaba en el fondo del bar con animaciones hechas con computador, parecía salirse de la pantalla y formar parte del entorno. La mente va a tal velocidad que la única frase que me escucharon decir en toda la noche con voz adormecida fue: “¿He hablado mucho?”

Es el resultado de pensar y marrullar ideas a la velocidad de la luz mientras el cuerpo se balancea sin fuerza agarrado a algo que lo ancle.

Al cabo de un par de horas, el efecto pasó, sin embargo, la sensación de estar “englobado” y adormecido la tuve todo el día siguiente. Espero no decepcionar a mis compañeros de fiesta, que muy gentilmente me permitieron acompañarlos en su rumba y saciar mi curiosidad periodística, pero no repetiría la experiencia. No tanto por el temor de irme por el hueco de Alicia en el País de las maravillas, o por evitar experimentar algo parecido a la muerte (cosa que por el momento poco me interesa); sino porque la apreciación de la realidad tal y como es, con los cinco sentidos y la mente clara, es la experiencia más sublime que he tenido.

Contra el consumo ilegal de drogas

A pesar de que la ketamina es reconocida como una droga de alto consumo entre jóvenes y en algunos estados de los EU y se ha declarado como parte de la lista II de drogas prohibidas, en nuestro país no existe un registro de su consumo. De acuerdo con la información recopilada por la Gerencia de Prevención Integral del Uso Indebido de Drogas (UCPI) (Alcaldía de Bogotá) en la población joven de las distintas localidades de la ciudad, las drogas ilegales de mayor consumo son marihuana: 3%, cocaína: 0,9% heroína y éxtasis: 0,7%. Luego siguen las anfetaminas en un porcentaje mínimo. Hoy el Bienestar Social del Distrito se une al Día Internacional contra el Consumo Indebido de Drogas, con actividades en torno a la prevención del consumo de sustancias psicoactivas, como charlas sobre prevención de drogas y un encuentro sobre derechos humanos. Hoy, se hará en la Localidad de Teusaquillo, una “rumba sana” y un campeonato deportivo

Algo más sobre el specialK o vitamina K

La ketamina HCL o hidrocloruro de ketamina, definida como anestésico disociativo no barbitúrico, se vende legalmente con prescripción médica o veterinaria y se usa como anestésico, especialmente en gatos y, en menor proporción, en humanos.

Particularmente, en cirugías ambulatorias para niños y ancianos o en pacientes con graves quemaduras, dado que no se pierde totalmente la conciencia y no disminuye el nivel de los signos vitales. Fue descubierta en 1961 por el doctor Cal Stevens en la Wayne State University y su uso como anestésico fue muy popular en el campo de batalla en Vietnam.

El abuso de la ketamina como droga va de la mano del uso del GHB y el éxtasis (MDMA). Donde se consume uno frecuentemente se encuentran los otros, por lo general en los raves, en los conocidos after-party. Por lo general, su uso se hace por inhalación del polvo que queda una vez el líquido es reducido con calor. Debido a su aspecto, puede confundirse con la cocaína.

El “viaje” con ketamina dura en promedio una hora, pero en casos de exceso puede durar de 4 a 6 horas. En pequeñas dosis (25-100 mg) puede producir efectos psicodélicos, sin embargo, un gramo puede causar vómitos y convulsiones hasta llegar a la muerte por infarto en el hígado o desoxigenación del cerebro.